El asunto es que la gran burguesía no puede permitirse esa válvula de escape de cara a la guerra. Avanzamos hacia una guerra mundial, la que probablemente verá un teatro en Europa más grande que el actual en Ucrania. La OTAN se ve obligada a castigar más y más a "sus ciudadanos" para aumentar el gasto militar de cara a esa futura guerra.
Por eso, como en 1914, debemos de alzar la bandera del derrotismo revolucionario. El fin de las guerras sólo llegará con el fin del capital y el Estado.